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Agresión

"Todo lo que me dijeron en casa que yo era, esta persona me lo había revertido"

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Margarita

Corría el año 2000, una intrépida, coqueta, atractiva y divertida joven, a quien los varones se le acercaban con mucha facilidad, logra, quizá sin proponérselo, llamar la atención de su maestro de letras, quien para ella “lucía inalcanzable, lleno de conocimiento”, aunque físicamente no le atraía, el maestro se vendía infalible, por lo que despertar su curiosidad supuso para ella un logro.

Llegó el momento en que coincidían la estudiante y el maestro en caminatas y conversaciones, además de flores que llegaban a su casa y trabajo. Hasta que un día ella se acerca y le pregunta, profesor, usted me envía flores, a lo que este responde, ¿a usted le llegan flores? Ríen uno al otro y admiten, él que le envía flores y ella que las recibe.

Entrando ya en una relación, él la convence de dejar la escuela porque podía perjudicarle a él en su empleo; esto se puede marcar como el inicio de lo que ella luego identificó, como “el proceso de entrega de su independencia”.

Sigue el tiempo avanzando, llega el momento de la pedida de mano, otra vez el maestro lleva la delantera en la toma de decisiones, decide cuando se casarán y en qué lugar, nuevamente la joven entiende todo sucede porque el maestro estaba enamorado y ella se sentía dichosa.
Una vez casados, la pareja compra un espacio para hacer la casa de sus sueños y de nuevo solo uno decide cómo será esta, las habitaciones que tendrá y como lucirá.

Con todo ello, la esposa inicia un proceso de sumisión y cuestionaba sus hermanas por no haber sido sumisas con sus esposos, incluso le parecía sus matrimonios no habían funcionado debido a esto, se sentía en un gran equipo, donde ella tenía grandes ideas pero en el que solo uno tomaba las decisiones, “yo sentía que hacia un anteproyecto y él aprobaba, si él no aprobaba era porque no servía, no tenía ni siquiera que decirme las razones, no servía y ya”.

Poco tiempo después empezaron las manipulaciones de tomar decisiones a descalificativos, a pesar de ello Margarita (nombre ficticio) decide empezar su propio negocio, soñaba con tener una escuela y piensa puede hacerlo desde casa, el esposo acepta, Margarita no tendría que salir de casa, claro, que también tenía condiciones, antes de que este llegara a casa, todo debía estar en su lugar y si eso no sucedía, soltaba insultos y descalificativos, luego estallaba objetos y ella lo justificaba, “me decía a mí misma, él tiene razón, él viene a su casa a estar tranquilo y yo no estoy cumpliendo”.

Cuando algo no salía como él esperaba, volvían los insultos; “todo lo que me dijeron en casa que yo era esta persona me lo había revertido y yo le creí, en casa siempre me decían que soy una mujer fuerte, capaz, alegre pero este tipo (el victimario) me convenció de lo contrario; engordé, tenía manchas en la cara, me sentía una mierda”.

A este esposo le encanta ver a su esposa cocinar, pero no le gusta recibir visitas en casa, en especial la familia de Margarita porque opinaba era muy bullosa. Tras doce años de matrimonio y dos hijas ocurre, lo que Margarita llama el gran día, la noche que la marcó a ella y a sus hijas, con voz entre cortada explica la agresión de la que fue víctima. Una noche el esposo llega a casa y la cena no está lista, tras reclamarle a Margarita esta le expone las razones y es cuando el esposo le suelta una bofetada frente a sus hijas, una de ellas le dijo: “papi, a mi mamá no la tocas ni con el pétalo de una rosa” y la respuesta de este fue:“yo hasta la mato”.

El tema de la violencia de género es un mal social a escala mundial, de hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe en el que asegura que en Uganda, África, más de la mitad de las mujeres han sido víctimas de violencia al menos una vez en sus vidas. Sorprendería saber que cada 40 minutos en Madrid, España, una mujer denuncia haber sufrido violencia de género, al menos así lo afirma Purificación Causapié en un artículo escrito para el diario El País, titulado Sobran Razones.

De hecho el año pasado la Unión Europea junto a las Naciones Unidas lanzó la iniciativa Spotlight, que tuvo como objetivo sensibilizar y mover a la gente de todo el mundo. En artículo publicado el pasado 25 de noviembre del 2017 (Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer) la UE afirmaba que una de cada tres mujeres es víctima de violencia en Europa.

En el plano loca, República Dominicana, han aumentado los casos de violencia o feminicidios en los últimos años. La Procuraduría General de la República tiene en sus páginas estadísticas importantes, desde las Unidades de Prevención de Violencia de Género, Intrafamiliar y Delitos Sexuales en 2017 se emitieron unas 17,148 órdenes de protección.

En el año 2017 en República Dominicana se registraron 170 feminicidios y homicidios, si tomamos en cuenta que el país tiene 10, 169,712 de habitantes de los cuales 4,706, 243 son mujeres aproximadamente, un 0.018 % han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.
Ahora bien, cuando le ponemos cara a las cifras resulta más fácil sensibilizarnos frente a temas como este, razón por la cual les pongo aquí los rostros de algunas mujeres que la violencia de género les ha arrebatado a la sociedad dominicana.

Emely Peguero, de 16 años, quien estaba embarazada y fue asesinada por su novio.

Any Mojica

Any Mojica, acuchillada por su pareja frente a dos de sus hijos.

Geraldin Sánchez

Geraldine Sánchez, asesinada por su ex pareja de un tiro en la cabeza.


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