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El Mundo

Ligan equipos médicos 83 muertes

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Desesperado por aliviar los dolores que lo abrumaban desde hace años, Jim Taft escuchó atentamente cuando su médico le habló de un aparato que podía cambiar su vida.
No curaría el nervio afectado en su maltrecho brazo derecho, les dijo el médico a Taft y a su esposa, según relata. Pero el estimulador de la médula espinal escondería sus dolores y haría que se sintiese “como nuevo”. El estimulador que le implantaron, sin embargo, falló al romperse un cablecito junto a la médula. Tras una operación para resolver eso, el aparato lo estremecía tan a menudo que no podía dormir y que hizo que se cayese bajando unas escaleras. Hoy, Taft, de 45 años, casi no sale de su cama y le cuesta ir al baño por sí solo. “Pensé que tendría una vida maravillosa”, expresó. “Y mire como estoy”.
Por años, empresas fabricantes de aparatos con fines médicos y los propios médicos vienen diciendo que los estimuladores de la médula son la gran solución para millones de pacientes que sufren una variedad de dolores, lo que los ha hecho uno de los aparatos médicos cuyas ventas aumentan más rápidamente, pilares de una industria que genera 400,000 millones de dólares. Empresas y médicos los promueven intensamente como un antídoto para la crisis de los opioides que padece Estados Unidos. Pero los estimuladores –aparatitos que emplean corrientes eléctricas para bloquear el dolor– son más peligrosos de lo que se le dice al paciente, según una investigación de la Associated Press. Y desde el 2008 se han detectado más de 80,000 incidentes.
Los pacientes dicen que han sufrido fuertes corrientazos, han sido quemados o han sufrido lesiones en los nervios de la médula que van desde debilidad muscular hasta paraplejía, de acuerdo con información de la Administración Federal de Medicamentos (FDA, según sus siglas en inglés). De los 4,000 aparatos que monitorea la FDA, solo los implantes de caderas metálicas y las bombas de insulina generan más lesiones.
Los archivos de la FDA tienen más de 500 informes de personas con estimuladores de la médula que fallecieron, pero los detalles son escasos, lo que hace que resulte difícil determinar si las muertes estuvieron relacionadas con los estimuladores o con las intervenciones para colocar los implantes.
Las empresas que fabrican los aparatos médicos insisten en que los estimuladores de la médula son seguros –se implantan unos 60,000 por año– y que los médicos especializados en estas intervenciones dicen que ayudan a reducir el dolor en muchos de sus pacientes.


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