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La Iglesia Católica dominicana retomó su discurso crítico en Semana Santa

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La Semana Santa fue utilizada como escenario por parte de la iglesia católica dominicana para realizar duras críticas y cuestionamientos al Gobierno, su accionar, la justicia y los aprestos reeleccionistas.

En el Sermón de las Siete Palabras que recoge las últimas siete palabras dichas por Jesús antes de ser crucificado, la iglesia se enfocó en los males que considera afectan al país.

Tocó temas tan neurálgico como la reforma a la Constitución que promueven sectores oficialista para extender el mandato del presidente Danilo Medina.

En la primera palabra: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, el padre José Alberto Vargas, pidió perdonar a las personas que ponen sus intereses personales, de su grupo o partido por encima de la nación, olvidando con ello que Dios está por encima de todo. “Aquellos que haciendo uso del principio el fin justifica los medios, pretenden con intensiones mezquinas perpetuarse en sus cargos sin importar que para lograrlo haya que pisotear una vez más nuestra Carta Magna”, enfatizó.

En la segunda palabra, “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso”, el sacerdote José Pastor Ramírez, cuestionó la Justicia, la que considera está “secuestrada” y cuya función esencial se ha reducido prácticamente a encubrir a los políticos corruptos”.

En la tercera palabra titulada: “Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo, ahí tienes a tu madre”, el párroco Ramón de Jesús Báez, hizo un llamado a acabar con la prostitución de menores que se encuentran en los centros turísticos de Boca Chica y Puerto Plata, lugares que tildó de antros que se alimentan de la denigración familiar y de la pobreza que se pasea por los campos y barrios empobrecidos.

En la cuarta palabra: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?, el reverendo Leonardo Aquiles, proclamó que “la soberanía de nuestro país, nuestra Constitución ha pasado a ser un simple papel objeto de complacencia y conveniencia de unos pocos, alterado para lograr fines partidistas y personales”.

En la quinta palabra: “Tengo Sed”, el párroco Nelkys Acevedo de la Rosa, clamó por la paz, por amor, por el que pide casa por no tener dónde dormir, libertad para el presidiario y salud al enfermo.

En la sexta palabra: “Todo está consumado”, el padre David Alexander Soriano, se preguntó qué se está haciendo por la nación con el restante 96% del PIB si se ha logrado tanto con el 4% otorgado a la educación.

En la séptima palabra: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”, el diácono Blas Bonilla Morfe, abogó por luchar contra los males: “luchar contra la delincuencia, luchar contra la corrupción, luchar contra la impunidad, luchar contra la inseguridad ciudadana, luchar contra los feminicidios, luchar contra la pobreza que hace que mucha gente viva de forma infrahumana, luchar contra la injusticia, luchar contra el aborto”.

La Iglesia Católica dominicana retomó el papel crítico que durante años había jugado frente a los problemas de la nación y que bajaron de tono, tras la salida de la vida pública del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien impuso su sello al fijar posiciones contundentes y a veces incendiarias.

Los nuevos cambios introducidos en la iglesia dominicana por el papa Francisco, en el año 2016, dieron paso a designaciones de obispos, quienes, si bien realizaban cuestionamientos, a veces lo hacían de forma sobria y moderada.

Sin embargo, hoy día, el escenario es diferente y los católicos han vuelto renovados con un discurso crítico que se ha extendido por todas las diócesis y arquidiócesis del país.

En Santo Domingo, la voz cantante la tiene el arzobispo metropolitano Francisco Ozoria Acosta, definido como hombre sencillo, de bajo perfil, pero con mucho temple. Sus últimas declaraciones de que algunas personas intentan “perpetuarse en el poder sin importarles las consecuencias negativas que ello conlleva”, lo han colocado de frente a los defensores del gobierno y a quienes impulsan la reelección presidencial de Danilo Medina.

Ozoria, padres y el Gobierno


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