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Bangladesh

Incendio en Bangladesh, escena de “guerra” con explosiones y cuerpos calcinados

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Mohammad Salahuddin y su cuñado volvían anoche a casa en un típico bicitaxi de tres ruedas cuando todo a su alrededor se tornó un escenario de “guerra”, con explosiones en cadena y cadáveres calcinados por el suelo, todo ello resultado de un destructor incendio en Dacca.

El joven de 35 años logró llegar a las inmediaciones de su vivienda tras correr y correr para dejar atrás el barrio de Chawkbazar, donde a primera hora de la noche del miércoles se desató el fuego en el inmueble de cinco plantas Mansión Haji Wahed, y poco después se extendió a varios edificios, tiendas y restaurantes.

Hasta el momento, la tragedia ha causado 70 muertos y 55 heridos.

“Los materiales químicos estaban explotando en el piso de arriba y las bolas de fuego golpeaban la carretera, vi cadáveres ardiendo por toda el lugar. Sentí que estaba en una zona de guerra”, relató a Efe Salahuddin en su cama del Hospital Universitario de Dacca.

Su cuñado resultó ileso, pero él sufrió quemaduras en varias partes del cuerpo, incluida la cara, ante las dificultades de escapar del laberíntico barrio, altamente poblado y con callejuelas de apenas tres metros de anchura.

Una mirada al cielo desvela un meollo de cables infinitos en Chawkbazar, un atolladero de negocios de productos químicos y fábricas de perfumes en el casco antiguo capitalino, construido hace unos 400 años durante el mandato de la dinastía mogol.

Aunque por el momento se desconocen las causas de las llamas, los vecinos afirman que el alto número de víctimas era inevitable pues el edificio en el que se originaron tenía material inflamable en al menos dos de sus cinco plantas.

El residente Narul Islam explicó a Efe que en la planta baja acogía una tienda de plástico granulado y un almacén de perfumes en el primer y segundo piso, mientras que los superiores eran residenciales.

Otro vecino, Mohammad Saifuddin, se lamenta de que todos sabían de la existencia de estas fábricas, pero no podían protestar debido a la influencia de “gente poderosa”.

Estos negocios son, de hecho, ilegales.

En 2010, perdieron la vida 124 personas en otro fuego en una zona cercana, tras el cual las autoridades prohibieron almacenar materiales químicos en el área.

“Todos somos responsables de las muertes; hace una década, cuando la tragedia ocurrió, no hicimos demasiado para forzar a las autoridades a eliminar las fábricas de químicos”, dijo a periodistas tras visitar el lugar del suceso el secretario adjunto del Movimiento Medioambiental de Bangladesh, Iqbal Habib.

La fuente se mostró sorprendida de que algo así no hubiese sucedido antes, ya que cuando juegas con fuego, te sueles quemar, dijo.

Sin embargo, el ministro de Transporte de Bangladesh, Obaidul Quader, argumentó durante una visita a los heridos en un hospital que a veces es difícil ver lo que ocurre en un lugar “oscuro” como el casco viejo de Dacca y aseveró que a partir de ahora harán todo lo posible para acabar con estas fábricas.

Esta mañana, la Calle Churihatta de Chawkbazar estaba abarrotada de botellas de perfume, testigo de las actividades que estaban teniendo lugar en la zona y que llevaron a una de las peores tragedias de los últimos años en la capital bangladesí.

Un infierno del que Mohammad Selim, trabajador de una fábrica de espejos, pudo escapar cuando caminaba por el barrio de vuelta a casa.

“Mientras corría, otro hombre cayó sobre mí, su cuerpo estaba en llamas, me caí en la carretera. El fuego alcanzó el cuerpo de una mujer, una niña y un conductor de “rickshaw” (taxi bicicleta), probablemente murieron en el acto”, relató a Efe.

Menos suerte puede haber corrido el padre de Nasrin Akter, desaparecido desde anoche y al que busca desesperado de un centro médico a otro.

Su progenitor, Joynal Abedin, fue a Chawkbazar para tomar té una media hora antes del suceso.

“Desde el incendio, no hay rastro de él. Hemos ido al Universitario de Dacca y algunos otros hospitales pero no está en ninguna parte”, indicó Akter a Efe.

Muchos de los cadáveres han quedado calcinados hasta el punto de ser irreconocibles. EFE/Azad Majumder


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