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El menú de la calle, una “delicia” que sustenta a muchos

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SANTO DOMINGO. “En el año 1981, cuando tenía apenas 17 años, vine de mi campo a la ciudad y lo único que vi que podía hacer en ese momento para vivir fue instalar esta fritura, y de ahí he mantenido a mis cuatro hijos y hasta ahora a mis seis nietos”, relató Nicolás Ogando, mientras atendía su negocio.

“Mi orgullo es decir que honradamente mantengo mi familia, lástima que este negocio solo me alcance para sostener el día a día de mi hogar y abastecer una y otra vez el negocio. No tengo casa, no tengo ahorros, mi mayor preocupación es llegar a la vejez sin pensión, y sin dinero, después de décadas de trabajo constante”, se quejó Ogando de lo podía ser su futuro.

Sobre el tema de estos pequeños negocios “callejeros”, el sociólogo Celedonio Jiménez, docente de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), argumentó que la práctica de muchos dominicanos de ingerir alimentos expuestos en calles o esquinas de nuestras ciudades obedece a razones de tipo económico y cultural.

Dijo también que está relacionado con la amplia existencia del sector informal de la economía, que además ofrece productos más baratos a los consumidores de bajos ingresos.

La gran cantidad de mesas, tarantines y pequeños kioscos que ofertan frituras, chimichurris, empanadas, jugos y café está ligado a la necesidad que tienen los dueños de estos “puestos” de ocuparse laboralmente, y también a la existencia de una “gruesa” cantidad de demandantes.

Junto a la variable económica, el catedrático de la UASD mencionó otras condicionantes de carácter cultural como la informalidad de muchos dominicanos, que algunos estudiosos han caracterizado o identificado como “barroquismo cultural”, que consiste en asumir hábitos de consumo de alimentos en cualquier lugar y momento.

Esta informalidad muchas veces es inducida sin tomar en cuenta criterios de higiene y nutrición por lo que no es precisamente por necesidad.

La experiencia de Junior

Desde hace siete años, tiene el puesto de vender carnes asadas. Le surgió la idea luego de deducir que como ayudante de un chef en un restaurante, no iba aumentar los ingresos que deseaba, por lo que se decidió emprender un negocio de lo que sabía hacer, con baja inversión.

La parrillada está instalada en la avenida Ortega y Gasset, donde expende pollos, salchichas, cerdo, pinchos, y otros.

“Aquí vienen jóvenes, adultos y familias completas. Lo bueno de esta parrillada es que la gente ve en frente de sus ojos, lo que cocinamos”, dijo Junior mientras dos ayudantes le asistían.

El consumo de “comidas rápidas” podría darse por diversas razones, algunas de ellas pueden ser:

-El estrés de la vida y del trabajo.

– Puestos cercanos del área laboral y de los hogares.

– Su bajo precio

-Un sabor y una imagen atractiva.

Sin embargo, este tipo de alimentos, en muchos casos carentes de vitaminas y de nutrientes, contribuye al desarrollo de enfermedades, las cuales ponen en riesgo la vida de las personas que los consumen.

La nutricionista Yocasta Lara afirma que no es justificación, lo barato, lo fácil y rápido de esta comida, pues hay diversas opciones de alimentos que podrían sustituirla.

Esta comida podría aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares debido al excesivo aporte de grasas saturadas y trans, incrementa el riesgo de diabetes tipo II y resistencia a la insulina, ya que contiene exceso de azúcares y bajo aporte de fibra.

Además del peligro de sobrepeso y obesidad, por el aporte excesivo de calorías, grasas, carbohidratos o harinas y azúcares.

La doctora Sonia González recomienda un hábito de consumo de frutas y verduras, llevar una dieta variada y equilibrada, comer cinco comidas al día, tomar mucha agua y hacer ejercicios.


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