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AFP

Ada Hegerberg, un primer Balón de Oro femenino que no estará en el Mundial

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Siguiendo los pasos de su hermana mayor Andrine ha llegado a ser la reina del fútbol. Ada Hegerberg brilla en este deporte, donde tiene el honor de haber conquistado el primer Balón de Oro femenino de la historia, pero no disputará el Mundial 2019.

Será la gran ausente del torneo que se disputará en Francia (7 junio – 7 julio), por un conflicto con la selección noruega desde el fiasco de la Eurocopa de 2017.

Esta decisión no impide que Hegerberg sea la referencia del fútbol femenino por su impresionante efectividad: a sus 23 años, tiene una media de 1,3 goles por partido en la liga francesa con su club, el Lyon.

La influencia de su hermana Andrine fue decisiva para que Ada se decidiera a cumplir su sueño de ser futbolista.

Su madre, Gerd Stolsmo, cuenta que Ada seguía de niña los entrenamientos de Andrine y de su hermano Silas, hasta que tenía siete u ocho años, donde decidió pasar de espectadora a protagonista.

“Fue a un torneo. Y allí recibía el balón, se daba la vuelta, se iba hacia la portería y marcaba. Una vez, y otra, y otra. Partido tras partido”, recuerda la madre de la estrella noruega.

Los Hegerberg vivían en Sunndal, al final de un fiordo del oeste de Noruega. En ese hogar, la fiebre por el fútbol era compartida por todos.

– Con los varones –

Por su calidad, las hermanas Hegerberg jugaban con equipos de varones.

Las dos jugadoras rubias se despertaban muy pronto para entrenar juntas, corriendo por las colinas que rodeaban su escuela. Se ejercitaban también en familia, más allá de los entrenamientos de su club.

Nada se dejó al azar y su éxito es fruto de un plan estudiado y planificado.

“Cuando comienzas, tienes que estar seguro de que todo está preparado”, explica el padre, Stein Erik Hegerberg. “Los balones están bien hinchados, los calzados encerados y correctamente atados, el cabello bien sujeto”, enumera.

El patriarca de la familia defiende que todo los detalles cuentan y que un mechón de pelo mal colocado puede suponer unas décimas de segundo perdidas y muy valiosas en el terreno de juego.

Con el objetivo de dar más oportunidades a las jóvenes promesas del balón de la familia, todos se mudaron y decidieron acercarse a Oslo.

Como Andrine, Ada se viste entonces con los colores del Kolbotn, uno de los lugares de referencia del fútbol femenino, donde pronto destaca sobre el resto.

“Con 15 años, se ponía furiosa si no jugaba todo el partido”, recuerda su entrenador, Dan Eggen. “Tanto por su mentalidad como por sus cualidades, desde esa época era ya un gran talento”, afirma.

– ‘Hat trick express’ –

Al año siguiente debutó en la primera división y se ganó ya la atención de muchos con un triplete conseguido en apenas siete minutos contra el equipo líder del campeonato.

“Ada tiene un gen para el gol, una excelencia de las que se ve rara vez”, subraya la exdirectora deportiva del Kolbotn, Hege Jorgensen.

Recibe también la llamada de la selección noruega, el mismo equipo con el que hoy no quiere jugar.

El fútbol ya es su gran prioridad, incluso si hay exámenes que coinciden con una concentración de la selección.

“Su mamá Gerd había decidido claramente: el fútbol es más importante que los exámenes. Los exámenes se pueden hacer más tarde”, recuerda Hege Jorgensen.

En 2011 firmó por un año con el Stabaek, otra cantera de talentos del fútbol en Noruega.

“Estábamos sentados en la oficina hablando con los entrenadores. De repente, llamaron a la puerta y una joven entró: ‘Hola, soy Ada. Vengo a jugar con el Stabaek’”, recuerda el director deportivo, Richard Jansen.

– Alemania y Francia –

Esa determinación y seguridad en sí misma es la misma que demuestra en el césped.

“Una mentalidad de campeona”, subraya su excompañera de equipo Siri Nordeide Gronli.

“Una vez estábamos jugando la final de la Copa y había estado antes de baja unas semanas por enfermedad. Marcó un triplete: un gol con la derecha, otro con la zurda y otro de cabeza. Ganamos 4-0”, sonríe.

Noruega pronto se quedó pequeña para Ada. Cuando tenía 17 años, junto con Andrine, de 19, siguieron su camino juntas, rumbo al Turbine Potsdam alemán.

Después ambas recalaron en el fútbol francés, Ada en el Lyon y Andrine en el París Saint-Germain.

“La casa se quedó vacía, pero ellas tomaron una decisión: la de irse y la de no volver antes de tres años, aunque hubieran fracasado”, afirma Stein Erik Hegerberg.

Pero no lo hicieron. Salieron de Noruega hace seis años y en la estantería familiar ya brilla el primer Balón de Oro.


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